
Ámame, pero no me necesites
Mi misma – 25/06/2020
Durante mucho tiempo, el amor estuvo rodeado de ideas muy definidas sobre el papel que debía cumplir cada persona dentro de una relación.
Con el paso de los años, esas formas de entender el amor han cambiado.
Hoy, tanto hombres como mujeres construyen proyectos, trabajan, sueñan, crecen y buscan relaciones más equilibradas, donde ambos puedan aportar desde quienes son y no solo desde el rol que desempeñan.
En medio de esa evolución, hay una frase que siempre ha llamado mi atención:
"Ámame, pero no me necesites."
Confieso que al principio me parecía una contradicción.
¿Cómo se puede amar a alguien sin necesitarlo?
Si amamos, queremos compartir tiempo, abrazos, conversaciones y experiencias. Es natural desear la cercanía de la persona que queremos.
Entonces comprendí que quizá la pregunta correcta no era esa.
La verdadera pregunta era:
¿Busco a alguien porque lo necesito para ser feliz o porque quiero compartir mi felicidad con esa persona?
Hay una gran diferencia.
Necesitar implica sentir que algo nos falta.
Compartir significa elegir caminar junto a alguien, aun sabiendo que cada uno puede sostenerse por sí mismo.
Cuando una relación nace desde el compartir, se convierte en un equipo.
Dos personas con talentos distintos.
Con sueños propios.
Con espacios individuales.
Con amor propio.
Y, al mismo tiempo, con el deseo de apoyarse, crecer y construir una vida juntos.
No porque uno complete al otro.
Sino porque ambos deciden sumar.
Personalmente, creo que eso es lo que realmente busco.
No necesito que alguien venga a llenar los vacíos de mi vida.
Prefiero encontrar a una persona con quien compartir los regalos que la vida nos ofrece.
Porque el amor más sano no nace de la necesidad.
Nace de la libertad de elegir al otro, una y otra vez.
¿Y tú?
¿Prefieres un amor que nazca de la necesidad… o uno que nazca de la decisión de compartir la vida con alguien?
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