Y aquí estamos.
Tú y yo.
Dos personas con formas muy distintas de ver la vida, que decidieron jugar a amarse y a compartir sus mundos.
Cada uno con su propia esencia, con principios firmes y una historia diferente. Poco a poco hemos aprendido a encontrarnos, a entendernos y a construir esa relación perfecta dentro de nuestro mundo imperfecto.
No siempre es fácil.
Hay momentos en los que mantener el equilibrio entre los dos se convierte en todo un reto.
Yo, con mi gusto por la organización, mi necesidad de planificar y esa complicidad que encuentro en las cosas más sencillas.
Y tú, con tu practicidad, tu espontaneidad y esa manera tan tuya de sorprenderme, que muchas veces logra volverme loca.
Nuestras diferencias, a veces, chocan.
Y cuando eso sucede, siento una verdadera montaña rusa de emociones.
Hay instantes en los que quisiera explotar.
Pero, curiosamente, justo en ese punto aparece el amor.
Ese amor tan grande que termina apagando cualquier intento de enojo y me obliga, casi sin darme cuenta, a decirte un cumplido o a sonreírte.
Porque eso es lo que me nace cuando estoy contigo.
Si tuviera que describirte, diría que eres un gran hombre.
Un hombre con personalidad, humilde y con un corazón inmenso.
Y cada día confirmo que eres la persona con la que quiero compartir mi vida.
Con quien quiero acostarme a dormir.
Con quien quiero despertar cada mañana.
Hay un momento que me encanta.
Mirarte antes de cerrar los ojos.
Acariciar tu rostro.
Sentir la tranquilidad que me transmite tu presencia.
Es como ese canto de cuna que calma el alma antes de dormir.
Sé que, para ti, todo esto puede parecer demasiado intenso.
Sé que, probablemente, soy mucho más expresiva de lo que tú eres.
Pero así soy.
Y eso es exactamente lo que despierta en mí el estar a tu lado.
Solo quería escribirte.
Solo quería dejar plasmado en unas cuantas líneas lo que significa para mí ese pequeño universo que hemos construido.
Ese que, simplemente, se llama...
Nosotros.

Comentarios
Publicar un comentario