Llegó y me sacudió…
Mi misma – 26/12/2016
No sé si alguna vez has vivido una experiencia en la que descubres que alguien llegó a tu vida y, de repente, lo sacudió todo.Sin darte cuenta, el orden cambia, el control comienza a desaparecer y aquello que creías tener claro deja de ser tan seguro. Es una sensación difícil de explicar. Las reglas cambian, el miedo aparece y, de pronto, te enfrentas a un dilema.
¿Qué hacer?
No poner objeciones y dejarte llevar por la corriente que trae ese alguien.
Detener la ola, recordar tus reglas e intentar protegerte de ese alguien.
Cuando todo esto sucede, casi siempre buscamos ayuda fuera de nosotros. Llamamos a ese amigo o amiga de confianza, a esa persona neutral que escuchará nuestra historia y nos dará consejos que, probablemente, no seguiremos... pero que igual necesitamos escuchar porque hacen parte del proceso.
Entonces aparecen dos tipos de personas.
Están los arriesgados, esos que te dicen: "Este es tu momento, atrévete." Harán todo lo posible para que te lances sin pensar demasiado.
Y también están los analíticos, quienes te invitan a ir con calma. Los que te preguntan si realmente esa persona es para ti, si vale la pena asumir el riesgo o si no estás dejando que las emociones hablen más fuerte que la razón.
Lo maravilloso de estos momentos es que la vida vuelve a darte una oportunidad. Pero, al mismo tiempo, también te entrega una responsabilidad: decidir.
Decidir si es momento de cambiar las reglas.
Decidir si vale la pena abrir la puerta.
Y permitir que el destino haga su parte para descubrir si ese alguien llegó para quedarse o solo para enseñarte algo.
Si decides abrir esa puerta, también debes aceptar los riesgos.
Porque hay personas que llegan para desordenarnos por completo. Nos hacen salir de la rutina, cuestionar nuestras certezas y descubrir emociones que creíamos dormidas.
Pero, incluso cuando el corazón se acelera, nunca debemos permitir que la razón desaparezca.
Tal vez el verdadero reto no sea evitar que alguien nos sacuda.
Tal vez el reto sea aprender a mantener el equilibrio mientras todo a nuestro alrededor cambia.

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