Y me quedo con tus ojos
Mi misma – 19/01/2019
Hace unos días intenté recordar cuándo comenzó todo esto.
Y, sinceramente, no encontré una respuesta.
Solo sé que, en algún momento, te convertiste en esa persona que, sin buscarla, terminé esperando.
Y, si tuviera que elegir una parte de ti para guardar en mi memoria, me quedaría con tus ojos.
Hoy, al abrir los míos, apareció en mi mente tu sonrisa.
Sí... tu sonrisa.
Pude escuchar esa carcajada que siempre logra contagiarme y comprendí que, de alguna manera, estás presente cada noche cuando cierro los ojos y cada mañana cuando vuelvo a abrirlos.
A veces pienso, en tono de broma, que duermes conmigo, porque eres el último pensamiento que me acompaña antes de dormir y el primero que llega al despertar.
Me encanta que podamos reír juntos.
De ti.
De mí.
Bueno... siendo honesta, más de mí que de ti.
Pero eso también hace parte de nosotros.
Y luego están tus ojos.
Sí...
Tus ojos.
Esos que parecen hablar incluso cuando no pronuncias una sola palabra.
Hay días en los que se hacen pequeños porque estás enojado, y basta mirarlos para saber que algo pasa.
Otras veces se encuentran con tu sonrisa y entonces transmiten una calma que me abraza.
También están esos momentos en los que me observan con preocupación y, sin decir nada, preguntan cómo me siento.
Es una mirada cálida.
Protectora.
Llena de ternura.
Y existe otra que me encanta.
La que aparece cuando bailas.
Cuando tus ojos, tu sonrisa y ese aire de complicidad se encuentran en un mismo instante.
Es una mirada traviesa, llena de vida, imposible de ignorar.
También hay una mirada que solo existe cuando hacemos el amor.
No necesita palabras.
En ella habitan el deseo, la entrega, la confianza y esa conexión que solo dos personas pueden entender cuando se miran de verdad.
Pero, si debo elegir una favorita, me quedo con la última.
La de las despedidas.
Cuando te bajas del carro, giras para buscarme con la mirada y, antes de irte, un beso termina de decir todo aquello que no alcanzamos a pronunciar.
Estas líneas son para tu sonrisa.
Pero, sobre todo...
Para esos ojos que, sin saberlo, aprendieron a hablarle al corazón.
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