Siempre... solo tú
Mi misma – 31/03/2019
Aquel día estaba haciendo algunas diligencias. Iba en mi carro acompañada de uno de mis sobrinos que, a pesar de tener apenas nueve años, siempre me ha sorprendido por su forma de analizar la vida.
Durante el camino hablamos de muchas cosas.
De matemáticas.
De las técnicas para sumar y restar.
De algunas travesuras que había hecho en la escuela.
Y también de la sorpresa que estábamos preparando para el cumpleaños de su papá.
A nosotros nos había correspondido comprar todo lo necesario para el asado de esa noche. Cuando terminamos las compras, emprendimos el camino de regreso a casa.
Nos detuvimos en un semáforo.
Y, de repente, sin previo aviso, escuché una frase que jamás olvidaré.
—Tía... tú siempre estás sola.
Me tomó completamente por sorpresa.
Continuó hablando con la naturalidad que solo tienen los niños.
—¿Por qué no llevas a alguien a la fiesta de mi papá? Siempre estás solo tú en el carro... solo tú en la casa.
No supe qué responder de inmediato.
Solo lo miré y le pregunté:
—¿Tú quieres que yo esté con alguien?
Su respuesta fue inmediata.
—Claro, tía. Creo que ya ha pasado mucho tiempo.
Solo sonreí.
Y le dije que no se preocupara.
Pero esas palabras se quedaron conmigo.
Esa noche, mientras compartíamos en familia, la luna iluminaba el patio y la música invitaba a bailar.
En algún momento me encontré bailando sola.
Entonces levanté la mirada.
Ahí estaba él.
Observándome.
Sonrió y, con esa misma inocencia, volvió a decirme:
—¿Ves?... Siempre estás solo tú.
Debo confesar que me dolió.
No porque sintiera que me estuviera juzgando.
Todo lo contrario.
Conocía el amor que ese niño siente por mí y entendía que sus palabras nacían del deseo sincero de verme feliz.
Fue uno de esos momentos en los que un niño, sin proponérselo, termina haciéndonos una de las preguntas más profundas de la vida.
A veces creemos que solo los adultos tienen las respuestas.
Pero, de vez en cuando, Dios decide hablar a través de la inocencia de un niño.
Y ese día, mi sobrino, sin saberlo, me dejó pensando en una pregunta que tardé mucho tiempo en responder.
¿Realmente estaba sola... o simplemente estaba aprendiendo a estar conmigo?

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