Tu, yo y el trabajo...
Tú, yo y el trabajo...
Mi misma – 27/02/2021
Nos vemos en cada rincón de la casa.
Compartimos el mismo espacio de trabajo, desayunamos, almorzamos y cenamos juntos. Sin embargo, tú no eres mi compañero de oficina, ni con quien antes salía por un café o compartía el almuerzo entre reuniones.
Y, aun así, aprendimos a trabajar uno al lado del otro.
La vida cambió de un día para otro.
De pronto, la oficina llegó a casa.
Las reuniones se trasladaron a la sala, al comedor o a un pequeño rincón que improvisamos como escritorio. Los horarios dejaron de ser tan claros y, sin darnos cuenta, el trabajo comenzó a convivir con nuestra vida personal.
Yo, por ejemplo, intentaba no perder algunos pequeños rituales. Me ponía unos aretes coloridos, una banda en el cabello, un poco de gloss y rímel para darle vida a mis ojos, aunque nadie pudiera verme más allá de una pantalla.
A veces una reunión mía interrumpía una llamada tuya.
O quizá era yo quien debía guardar silencio para no romper tu concentración.
Así transcurrían los días.
Qué diferente era nuestra rutina antes.
Despertábamos temprano, preparábamos el desayuno para llevar y cada uno salía rumbo a su trabajo. Solo al caer la tarde nos volvíamos a encontrar para contarnos cómo había ido el día.
Todo cambió.
Muchos aprovecharon ese tiempo para pintar la casa, remodelar algún espacio, comprar muebles o darle un nuevo aire a su hogar.
Otros adoptaron una mascota.
Algunos descubrieron talentos que no sabían que tenían y se atrevieron a emprender, convirtiendo un pasatiempo en el sueño de un nuevo negocio.
Y muchos, entre los que me incluyo, nos encontramos con nosotros mismos.
Aprendimos a meditar.
A respirar con calma.
A encender una vela aromática.
A disfrutar el silencio.
A crear pequeños espacios de paz dentro de casa.
Y entendimos que estar bien también era una prioridad.
Así transcurrieron nuestros días.
Con fines de semana en casa.
Con más tiempo en familia.
Con conversaciones largas.
Con menos prisa y más presencia.
Creo que, si algo nos dejó aquella pandemia, fue una nueva manera de valorar lo realmente importante.
Nos enseñó a agradecer la salud, los abrazos, la compañía, el simple hecho de respirar y el inmenso privilegio de estar vivos.
Porque, a veces, la vida tiene que detenernos para recordarnos lo esencial.

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