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Artículo No.10. Dolió, pero aprendí....

Dolió, pero aprendí... Mi misma – 26/12/2017 Hay una frase que siempre ha llamado mi atención: "Dolió, pero aprendí." Cada vez que la escucho me recuerda dos cosas. La primera, una canción de Ricardo Montaner que habla de un amor que terminó dejando heridas. La segunda, y quizá la más importante, las lecciones aprendidas que nacen de cada experiencia que vivimos. Creo firmemente que nada de lo que nos sucede es en vano. Todo, incluso aquello que más nos duele, llega para enseñarnos algo. A lo largo de la vida conocemos personas que nos marcan profundamente. Algunas llegan para quedarse y otras para mostrarnos una realidad que, aunque dolorosa, necesitábamos descubrir. Hay quienes nos decepcionan, nos traicionan o nos lastiman de una forma tan intensa que sentimos que el dolor alcanza el alma. Y está bien sentirlo. Lo que no podemos permitir es quedarnos viviendo para siempre en ese dolor. Con el tiempo entendí que, además de llorar lo perdido, también debemos aprender...

Artículo No. 9. Mi misma

Yo misma 17 de diciembre de 2017 Hubo un día en el que descubrí que vivía para todos... menos para mí. Mi tiempo, mis decisiones y hasta mi estado de ánimo parecían depender de las personas que me rodeaban. Me preocupaba por sus problemas, celebraba sus logros, intentaba aliviar sus cargas y estaba siempre disponible cuando alguien me necesitaba. Pero había olvidado hacerme una pregunta fundamental: ¿Y yo? Ese día comprendí que no era la protagonista de mi propia historia; apenas era un personaje secundario en una vida que yo misma había construido para los demás. Entonces comenzaron a aparecer las preguntas. ¿Quién se preocupa por ti? ¿Quién está pendiente de cómo amaneciste? ¿Quién te escribe un "buenos días" solo para saber que estás bien? ¿Quién te desea una buena noche? ¿Quién pregunta cómo está tu corazón cuando nadie más lo ve? ¿Quién cuida de quien siempre cuida a los demás? El silencio llegó sin hacer ruido. Se sentó frente a mí y observó cómo dos lágrimas recorr...

Artículo 8. Un acto de amor verdadero....

Un acto de amor verdadero... Mi misma – 19/08/2017 Hay algo que, incluso en mi etapa adulta, sigue encantándome: las películas de princesas de Disney. Cuando era niña, siempre me imaginaba siendo una princesa. Con el paso de los años descubrí que, en casi todos los cuentos, el destino de una princesa era esperar la llegada del príncipe azul. Y un día entendí que eso no era exactamente lo que yo quería para mi vida. (Sí, me tomó algunos años descubrirlo... jajaja.) Pensaba en esto mientras veía películas como Frozen y Maléfica . En ambas historias existe una condición para salvar a la protagonista: debe ocurrir un acto de amor verdadero . Al principio, como muchos, asumimos que ese acto sería el beso del príncipe. Pero la historia nos sorprende. No era un beso romántico. Era un acto de amor incondicional. Ese amor profundo, sincero y auténtico que también puede existir entre hermanas, entre una madre y un hijo, entre una tía y un sobrino, o entre esas personas que nos conocen por compl...

Artículo No. 7. Dignidad, Respeto, Autoestima....

      Dignidad, Respeto, Autoestima... Cuando nos referimos a estos términos dignidad, respeto y autoestima, reconocemos que hay cierta similitud, los tres tienen el mismo sujeto --> el ser o individuo, y se enfocan en el valor, la responsabilidad, las relaciones, la reciprocidad, y el amor propio. Hay momentos en la vida en la que hemos llegado a perder uno de los tres (3) o en ocasiones los tres (3); antes de entrar en el detalle de cada concepto, es necesario definirlos: Dignidad es  responsabilidad, seriedad con respeto hacia sí mismo y hacia los demás; no dejar que los demás lo humillen ni degraden.   Respeto  Consideración de que algo es digno y debe ser tolerado.  Autoestima  Aprecio o consideración que uno tiene de sí mismo. Por lo general sentimentalmente se ven afectadas la dignidad, el respeto y la autoestima, cuando somos traicionados en el amor, dudamos de nuestro valor como persona y cre...

Artículo No. 6. Cuando pierdas, no pierdas la lección...

Cuando pierdas, no pierdas la lección... Mi misma – 18/02/2017 Hay una frase que siempre ha llamado mi atención: "Cuando pierdas, no pierdas la lección." Con el tiempo entendí que perder duele, pero perder sin aprender duele todavía más. Cada pérdida trae consigo una enseñanza. Nos hace más fuertes. Nos ayuda a evitar repetir los mismos errores. Y, sobre todo, nos invita a tomar decisiones con mayor conciencia. Por eso creo que, después de una pérdida, vale la pena detenerse por un momento. Preguntarnos qué ocurrió. Qué hicimos bien. Qué pudimos haber hecho diferente. Qué dependía de nosotros y qué simplemente estaba fuera de nuestro control. No para vivir anclados al pasado, sino para crecer a partir de él. También creo que toda pérdida deja heridas. A veces deja tristeza. Otras veces deja enojo, decepción o una profunda sensación de traición. Y esas emociones necesitan ser escuchadas. No podemos pretender que el corazón sane de un día para otro. Por eso el duelo también...

Artículo No. 5. Mujer Segura...

Mujer segura... Mi misma – 18/02/2017 Soy una mujer a la que le gusta tener su espacio y sus propios momentos. Y también me gusta que mi pareja tenga los suyos. Disfruto compartir tiempo con otras personas, desarrollar mis propios intereses y sentir la tranquilidad de que todo está bien. De la misma manera, me parece sano que la persona que está a mi lado pueda salir con sus amigos, disfrutar un partido, conversar, reír y tener esos espacios que también forman parte de su vida. Para mí, eso tiene mucho que ver con la seguridad, la autoestima, la madurez y la confianza. Cuando una relación está construida sobre el amor, el respeto y una buena comunicación, esos espacios dejan de verse como una amenaza y se convierten en una oportunidad para reencontrarse. También creo que vivir pendiente del pasado de la otra persona rara vez trae algo bueno. Si constantemente aparecen preguntas sobre antiguos amores o miedos que no tienen fundamento, quizá el problema no esté en la pareja, sino en l...

Articulo No. 4 , Primero debo atenderme, para luego atenderte…

Primero debo atenderme, para luego atenderte… Mi misma – 22/01/2017 Esto no es una cuestión de roles ni de rivalidad. Es simplemente una reflexión sobre algo que, con frecuencia, hacemos sin darnos cuenta: nos olvidamos de nosotros mismos mientras nos dedicamos a cuidar y hacer felices a los demás. Y no debería ser así. Si comienzo hablando de la mujer, debo reconocer que, desde hace generaciones, su papel estuvo muy ligado al servicio. Se esperaba que atendiera a su esposo, criara a sus hijos, cuidara de su familia y se asegurara de que todos estuvieran bien antes que ella. Incluso recuerdo haber visto algunas novelas donde ese era el modelo de mujer ideal: una mujer que siempre estaba para los demás y que pocas veces pensaba en sí misma. En mi casa también lo viví. Cuando nos sentábamos a la mesa, las mejores presas del pollo, o el mejor pedazo de carne, casi siempre eran para mi papá. Recuerdo que de niña le preguntaba a mi mamá: —¿Por qué no es para ti, si tú fuiste quien cocinó? ...